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El ojeador moderno: los softwares que evalúan jugadores

12 JUN 2025
PTENES

El ojeador del imaginario popular sigue siendo un hombre de mediana edad en una grada fría, cuaderno en mano, con un ojo entrenado durante décadas de carretera. Esa figura existe y sigue siendo importante, pero hoy comparte la sala con una pantalla. En los últimos quince años creció en torno al fútbol toda una industria de software de scouting, y buena parte de las decisiones de mercado, especialmente en Europa, pasa en algún momento por una de esas plataformas. Comprender lo que hacen, y lo que todavía queda fuera de su alcance, es esencial para quien quiera leer el mercado moderno con seriedad.

La trayectoria de esta industria puede organizarse en tres momentos. Primero llegó el ojeador tradicional, el trabajo de campo apoyado en la percepción de quien observa muchos partidos. Después llegaron los softwares de datos, que sistematizaron la observación y ampliaron el alcance del análisis. Y existe ahora una tercera generación, la de los modelos predictivos específicos, capaces de estimar el rendimiento de un atleta en un destino incluso antes de la contratación. Cada momento resolvió un problema del anterior y dejó al descubierto uno nuevo.

Primer momento: el ojeador tradicional

La evaluación clásica de jugadores nació de la observación directa. El ojeador viajaba, observaba, tomaba notas y formaba un juicio a partir de la experiencia acumulada. Esa lectura capta matices que durante mucho tiempo ningún dato registró, la actitud del atleta en el campo, la reacción bajo presión, la inteligencia táctica que no aparece en una estadística simple. Es un trabajo valioso y sigue siendo parte esencial de cualquier departamento de fútbol serio.

Sus limitaciones, sin embargo, son de escala y de consistencia. Un observador cubre un número finito de partidos, depende de su propia memoria y está sujeto a los sesgos naturales de la percepción. Dos ojeadores competentes pueden llegar a conclusiones distintas sobre el mismo atleta, y pocos clubes logran cubrir, solo con ojos humanos, la amplitud de ligas y jugadores que exige el mercado moderno.

Segundo momento: los softwares de datos

Para responder a esas limitaciones surgió una industria de software de scouting. Están los grandes proveedores de datos de evento, que registran cada pase, entrada, remate y regate de miles de partidos, convirtiendo un juego en una planilla de cientos de acciones catalogadas. Están los proveedores de datos de seguimiento, que usan cámaras para registrar la posición de todos los jugadores y del balón muchas veces por segundo, describiendo no solo lo que ocurrió, sino el espacio en el que ocurrió. Y están las plataformas de búsqueda y comparación, que cruzan esos datos con bases de jugadores de todo el mundo y permiten que un analista filtre, por ejemplo, todos los laterales izquierdos por debajo de cierta edad, por encima de cierto volumen de centros, en ligas de determinado nivel.

La ganancia es real y no debe subestimarse. Estas herramientas amplían el alcance de un ojeador mucho más allá de lo que el ojo puede cubrir, permiten comparar jugadores de campeonatos que nadie del club vio y aportan una capa de objetividad que disciplina decisiones antes apoyadas solo en impresiones. Un club que usa bien estas plataformas decide mejor que uno que no usa ninguna.

Hay, sin embargo, una característica estructural que define a esta segunda generación. Las plataformas son, en su mayoría, las mismas para todo el mercado. El gran proveedor de datos de evento atiende a decenas de clubes. La plataforma de comparación ofrece los mismos filtros a todos los suscriptores. Cuando muchos clubes usan las mismas herramientas, alimentadas por los mismos datos y organizadas por los mismos filtros, tienden a llegar a las mismas conclusiones. Los mismos jóvenes prometedores aparecen en las listas de todos al mismo tiempo, y el resultado es una carrera colectiva por los mismos nombres, que presiona el precio de los perfiles que las herramientas valoran.

Estos softwares miden sobre todo lo que es fácil de medir. Volumen de acciones, eficiencia en fundamentos, patrones de posicionamiento. Es información valiosa, pero incompleta. Captan bien el rendimiento visible y captan mal los factores que deciden si una contratación específica rendirá en un club específico, el ajuste al estilo de juego del destino, la compatibilidad con el cuerpo técnico, la trayectoria de evolución, la lectura cualitativa del contexto. Esos factores existen, pesan, y quedan fuera de la mayoría de los filtros estandarizados.

Tercer momento: los modelos predictivos específicos

La generación más reciente parte de una pregunta distinta. En lugar de describir lo que el jugador hizo, busca estimar lo que tiende a hacer en un contexto nuevo. Para ello incorpora datos cualitativos y contextuales que los filtros tradicionales no tratan, y tiene en cuenta el contexto del club de destino, el estilo de juego, las necesidades del plantel, el perfil de los demás atletas, las características del entrenador. La pregunta deja de ser solo quién es el mejor jugador disponible y pasa a ser quién tiende a rendir mejor en ese destino específico.

Es una capa de capacidad predictiva aplicada antes de la contratación. Ningún modelo ofrece certeza, y ninguno acierta siempre. El objetivo no es prometer el resultado, sino reducir la incertidumbre y mejorar la calidad de la decisión, distinguiendo entre los nombres que aparecieron para todos al mismo tiempo en lugar de solo reordenar la misma lista.

SigningLab se sitúa en esta tercera generación. No es un software más que devuelve la lista que todos ya tienen. La operación involucra un gran volumen de variables por atleta, combinando datos de rendimiento, características del jugador, contexto colectivo y del destino, procesados en miles de millones de cálculos que estiman el ajuste de cada contratación al club que pretende realizarla. El propósito es responder a la pregunta que la segunda generación dejó abierta, no quién se destaca en los filtros estándar, sino quién tiende a rendir en el contexto real en el que va a jugar.

El ojeador moderno de verdad

La lectura más útil de esta evolución no es la de un momento sustituyendo a otro, sino la de capas que se suman. El ojeador tradicional aporta la percepción humana. Los softwares de datos aportan alcance y objetividad. Los modelos predictivos específicos aportan la estimación de rendimiento en contexto. Un departamento de fútbol verdaderamente moderno combina los tres.

En un mercado en el que casi todos tienen acceso a las mismas herramientas, tener las herramientas dejó de ser un diferencial. La ventaja migró hacia quien hace mejores preguntas sobre los mismos datos, identifica valor donde el filtro estándar no mira y reconoce el ajuste que la planilla genérica ignora. El ojeador moderno no es quien tiene el software más caro. Es quien entiende que describir el pasado es solo el comienzo, y que decidir mejor depende de estimar, con método, lo que tiende a ocurrir en el contexto específico de cada contratación.

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